25 de julio: Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente

Hace algunas semanas un amigo me invitó a dar una charla por Zoom sobre la historia colonial de Argentina y Chile a sus estudiantes de la Universidad de Antioquía en Colombia. Acepté encantada y preparé una presentación interactiva de la que me sentí orgullosa, con varios mapas y anécdotas pintorescas para que todos pasáramos un buen rato en la clase sobre temas lejanos a la gente de Medellín. Durante dos horas hablé con convicción y entusiasmo de la economía, la política y la sociedad del sur del continente.

Cuando hacía rato que había terminado oficialmente la clase y ya casi no quedaba tiempo, una estudiante pidió tímidamente la palabra para hacer una última pregunta: ¿Dónde estaban lxs negrxs en la historia?

En el momento respondí rápido que por cuestiones económicas no fueron traficadas tantas personas esclavizadas a los actuales territorios de Argentina y Chile. Y que luego las guerras de la Independencia y las epidemias habían diezmado la población afrodescendiente. No sé si le convenció la respuesta a ella. A mí no me convenció. Pero me ayudó a darme cuenta de que los discursos hegemónicos han sido sumamente exitosos en invisibilizar su existencia. Y como todas sabemos, lo que no se nombra no existe. 

Lo macabro de la cuestión es que el discurso no sólo ha calado hondo en personas que no nos reconocemos afrodescendientes. Poco después de mi fallida clase por Zoom, tuve una conversación muy interesante con una compañera dominicana. Me contaba que se dedicaba a dar talleres para niños haitianos migrantes que llegan a Chile y necesitan aprender el idioma para integrarse. Antes de aprender a leer y escribir, lxs niñxs dibujan. Y se dibujan a sí mismxs. Con piel clara. La tarea de mi amiga es mostrarles que ese no es el (único) color de la piel. Que el color café es bonito. Que no valen menos que nadie por ser distintos. 

Vivimos en un mundo donde lxs niñxs negrxs se pintan la piel de un color claro. Donde abuelas amorosas les dicen a sus nietas que serían más lindas si tuvieran la nariz menos ancha. Donde millones de mujeres invierten gran cantidad de recursos en alisarse el pelo. Estos constantes ataques a la autoestima muchas veces tienen como resultado que gran parte de la energía vital se invierta en ser menos negras de lo que son. Porque para colmo de males, parecen estar solas. No aparecen en los libros de historia ni en las canciones que nos enseñan a cantar en la escuela. 

A lo sumo, sabemos que existían negros y negras esclavizadas en la época colonial. Pero de sus condiciones de vida casi no se habla. No se les ha reconocido la fuerza legendaria del Pueblo Mapuche ni el encanto de mujeres poderosas como La Quintrala, otros grupos subordinados. No se menciona el hecho de que las mujeres esclavizados no tenían derechos sobre sus hijos, ya que le pertenecían al dueño de la esclava, y éste podía venderlos a su antojo. Arrancarlos de los brazos de su madre por algunos pesos. Tampoco se enumeran los instrumentos de tortura a los que se sometía a lxs negrxs, ni el papel clave que tuvieron en industrias estratégicas como el surgimiento del Pisco en Chile. 

Las mujeres afrodescendientes son las sobrevivientes de uno de los mayores crímenes de la humanidad: el traslado forzado de entre 11 y 18 millones de personas desde África a otras regiones, especialmente América, en condiciones terribles. Pero esas personas luego debían continuar su existencia en un sistema que los despojaba absolutamente de la libertad. Y a pesar de las torturas, del trabajo forzado, de las violaciones sistemáticas y de vivir en un sistema que constantemente les recordaba que eran objetos y no personas, sobrevivieron. Seguramente gracias a la compasión y a la cooperación fue posible la resistencia. Seguramente gracias a las madres, tías y abuelas que protegieron a lxs niñxs para que la cultura y la historia sobreviviera una generación más. 

Por todo esto no es paradójico que los avances realizados en los últimos años en el ámbito del reconocimiento de derechos a la población Afrodescendiente en la Región hayan sido liderados por mujeres. Desde aquella reunión del 25 de julio de 1992 en el que mujeres negras de 32 países de América Latina se reunieron en República Dominicana para hacer visibles sus luchas y resistencia (que es la razón por la cual festejamos el 25 de julio el Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente) hasta la promulgación de la Ley de Reconocimiento al Pueblo Tribal Afrodescendiente Chileno de abril de 2019, que fue impulsada por líderes de la comunidad afrodescendiente como Marta Salgado y apoyada en los estudios de Camila Rivera, con el respaldo de organizaciones como las ONG “Oro Negro”, la “Luanda” y la “Asociación de organizaciones y comunidades Afro, Territorio Ancestral Azapa” entre otras. 

En la primera región del país hay 48 organizaciones de afrodescendientes chilenas. Y las mujeres que están liderando los procesos de reconocimiento tienen nombre y apellido: Sonia y Marta Salgado, Azeneth Báez, Dolly Ciña, Camila Rivera, Julia Corvacho Ugarte, Rosa Güisa Lanchipa y Carolina Cortés, y muchas otras que bailan en las comparsas, militan, se organizan, estudian, escriben y rescatan la historia de las mujeres afrodescendientes y sus familias. 

En solidaridad con la lucha de las mujeres afrodecendientes, y en respeto y reconocimiento a sus luchas colectivas y ancestrales, desde Revista Cuática entendemos que los privilegios en nuestra sociedad se distribuyen en función del género y también de la raza. Peor que ser discriminado es no ser visto. Y por eso la lucha tiene que notarse. Con turbantes, con faldas y con música. Con la comparsa matriarcal “Arica Negro: Recuerdos de la Chimba”. Con colores brillantes en los bailes de carnaval que anuncian que las mujeres afrodescendientes están, existen, y reclaman la voz que por tantos años les fue negada. Es un primer paso en la reparación de injusticias.

Ahora nos vemos. Ya no cerraremos los ojos nunca más. 

Aquí una mini recopilación de colectivas antirracistas y afrodescendientes. Y algunas actividades que se harán hoy <3

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*Un artículo de Clara E. Mengual Cuando empecé a estudiar Periodismo pocas veces antes me había cuestionado efecto que los medios de comunicación, y su forma de tratar ciertos temas, podía tener en la sociedad. Sin embargo, poco a poco fui siendo consciente de que la gran mayoría de prejuicios que existen en la sociedad provienen de los discursos, normalmente básicos, etnocéntricos y profundamente simplistas que promueven los medios, contribuyendo a alimentar el racismo y el machismo latente ya en nuestras sociedades, y promoviendo un discurso del odio que se traduce en pensamientos, ideologías y, consecuentemente, también en políticas excluyentes con ciertos colectivos. Desde que la pandemia causada por el COVID-19 azotó España, los medios de comunicación (todos) han demostrado, nuevamente, su falta de profesionalidad y escasez de perspectiva en derechos humanos y antirracismo. Dichos medios han vuelto a mostrar su cara más antigua y casposa y su escasa capacidad de estar a la altura en un contexto de crisis sanitaria, pero también social. Esta pandemia ha dejado fuera de la agenda a muchos colectivos, en los cuales no se ha pensado a la hora gestionarla: Mujeres maltratadas, familias monoparentales, adolescentes y, por supuesto, inmigrantes en situación administrativa irregular, han quedado eclipsados/as por las necesidades y las quejas de “los de siempre”…SIGUE LEYENDO EL TEXTO COMPLETO EN afrofeminas.com . . #Afroféminas #mujernegra #afrodescendientes #temporeros #racismo #covid19 #pandemia #rebrotes #mediosdecomunicacion

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