Conocer para transformar: Una mirada al sexismo en la educación.

Por Macarena Rojas Mora, Trabajadora Social, Activista Colectiva Feminista Graneros

Para pensar y hacer una educación no sexista necesitamos reconocer que ha existido la violencia sexista en la educación, que se reproduce cotidianamente (…)

(Cristeva Cabello, 2018: p.26)

Tal como señala Cristeva Cabello, es necesario contextualizar cómo se produce, reproduce y transmite la violencia sexista en la educación formal para pensar y construir una educación no sexista. Comenzaré precisando que el sexismo no es una práctica exclusiva del ámbito educacional, pues esta violencia también se encuentra presente en otros procesos de socialización como: la crianza, la familia, la iglesia, la calle, la publicidad, los medios de comunicación, entre otros. 

Hablar sobre sexismo en la educación permite dar cuenta de las relaciones jerárquicas y de dominación sobre nuestrxs cuerpxs en cuánto en los espacios educativos se reproducen desigualdades sexo-genéricas ¿Qué quiere decir esto?, que los sistemas educativos contribuyen a naturalizar los mandatos de género en cuanto moldean la idea de qué es ser hombre y qué es ser mujer negando la existencia a todo aquello que no se encuentra en esta relación. Este ideal binario mujer-hombre, que a la vez es desigual, no sólo se expresa en aquello que se declara como currículum oficial, sino que también lo que se encuentre en el curriculum oculto, como el lenguaje, los gestos y las prácticas de disciplinamiento o lo que es parte del curriculum omitido, como lo es la falta o escaso abordaje de prácticas sexuales no heterosexuales o la violencia de género.

Vía @gatoncomic

Revista cuática te invita a efectuar una pequeña revisión sobre el sexismo en la educación, reflexionando respecto a las diferentes formas en que esta violencia se manifiesta como práctica(s) común(es) en los contextos educativos 

La violencia sexista en la educación tiene distintas manifestaciones y prácticas que responden a los contextos propios de cada territorio, por lo cual aún cuando se producen, reproducen y transmiten bajo las mismas lógicas de opresión, las formas de expresión son siempre situadas y contextuales. Por ejemplo, los establecimientos que son exclusivos para mujeres se generan diferentes prácticas sexistas que en uno que sólo asisten hombres, así como también la realidad de los espacios educativos del norte y del sur del país son distintos. En este sentido, el sexismo no será la única forma de opresión en la educación formal, pues también se encuentran formas de exclusión y desigualdad en torno a la clase, étnica, raza, sexualidades, etc., reproduciendo el orden simbólico patriarcal dominante que se sostiene en el tiempo por medio de la transmisión generacional.

Como primera mirada, hablaré sobre la configuración del marco curricular que existen en los establecimientos educacionales. Si bien uno de los objetivos fundamentales que promueve el ministerio de educación chileno es la promoción del respeto e igualdad de derechos de las personas, la no discriminación y el desarrollo de relaciones igualitarias, en la práctica la forma de abordaje de esto y de los contenidos mínimos obligatorios carece de un enfoque que promueva una mirada integral en términos de género. Un ejemplo de esto es la ausencia de mujeres escritoras en los programas, en cuanto la construcción de los libros educativos es realizada mayoritariamente por hombres y la literatura escrita por mujeres se encuentra omitida y apartada en la enseñanza, lo cual implica privilegiar los cánones estéticos, visiones del mundo, expresiones culturales masculinos como legítimos. Es decir, todo aquello que no es generado por una identidad masculina hegemónica queda apartado, invisibilizando desde la escritura, las experiencias de opresión y desigualdad desde donde escriben mujeres y disidencias en cuanto cuerpxs abyectos.

La construcción del curriculum en la educación formal no es azarosa y siempre responde a una selección para responder la pregunta ¿desde qué parte enseñaré?, considerando que existen diversas formas de conocimiento desde el cual se puede educar. De esta forma, la memoria e historia de las mujeres y disidencias queda relegada en su enseñanza, en cuánto se privilegia la producción y reproducir patriarcal que opera en la sociedad donde estos cuerpxs abyectos se encuentran subordinades a la masculinidad hegemónica. Así también, existe una reproducción de la heterosexualidad como única norma, desde donde se promueve métodos de prevención de prácticas reproductivas y enfermedades de transmisión sexual y no generándose una enseñanza de sexualidad integral que reconozca formas no heterosexuales y no reproductivas, así como también el autoconocimiento y placer

Como señalé anteriormente, en las prácticas cotidianas al interior de las instituciones educativas formales se produce, reproduce y transmite violencia sexista que genera procesos de control y normatividad sobre la expresión y el género de lxs cuerpxs. Este curriculum no dicho u oculto se manifiesta en la materialidad como opresión corporal, en donde se enseñan formas de apariencia y comportamiento diferencial a cada género como una forma de disciplinamiento. Este mandato de género de cómo deben ser les estudiantes se expresa en comentarios, en gestos y en prácticas que se encuentra muchas veces naturalizados y que son reproducidas tanto a nivel institucional, como por parte del profesorado.

La materialidad de control de lxs cuerpxs está representado en el uso estandarizado de vestimenta. El uniforme se constituye como una manera de control sobre la estética de los cuerpos en cuanto, en palabras de Valeria Flores, se genera una máquina de imposición estética binaria. En efecto, se uniforma dos maneras de construir corporalidades: hombres utilizando pantalón y mujeres ocupando falda o jumper. Formas de vestir que son desiguales entre sí, en cuanto implican diversas formas de comportarse limitado por la comodidad e incomodidad para realizar o evitar ciertas prácticas, siendo un ejemplo de esto la posibilidad de quienes utilizan pantalón poder jugar fútbol y con ello utilizar gran parte del espacio físico y la incomodidad de realizar esta actividad para quienes se ven expuestas a la incomodidad de desenvolverse y quedan limitadas a espacios más reducidos como la sala de clases o los pasillos. De igual forma, esta manera desigual de vestimenta genera que las mujeres se enfrenten a situaciones inhumanas y geográficamente agresivas por causa del frio y se les restringa y limite el movimiento producto del miedo a andar en la ciudad, caminar de ida y regreso por verse expuestas ante miradas lascivas, acosos, agarrones, fotografías. 

“La educación teme al cuerpo, la educación teme a sexualidades que no sean dicotómicas”

(Cristeva Cabello, 2018: p.28).

Ahora bien, este dispositivo de control estético también genera limitaciones de la expresión de género de les estudiantes no-binarios y con ello la invisibilización de su identidad. En este sentido, quienes intentan tensionar esta imposición binaria buscan generar una transformación estética corporal política a través de la utilización de vestimentas o accesorios que permita mostrarse a sí mismo y luchar por su reconocimiento, aun cuando son perseguidos y castigados. En definitiva, el uso de uniforme restringe el ejercicio de la libertad y se vuelve violenta.

Otro método de opresión de les cuerpxs institucionalizado está en infraestructura de los establecimientos educacionales al tener baños exclusivo separados para hombres y mujeres que reproducen lógicas binarias al no considerar a aquellos estudiantes que transitan en su género. En este sentido, la creación de baños no binarios o la eliminación de baños excluyentes es un acto de justicia y de reparación en cuanto permite generar una experiencia al estudiante que no adscribe al binomio de género de acceder sin marcas de género al derecho de baño.

El profesorado y la comunidad educativa en general también juega un papel importante en la producción y reproducción y transmisión de violencia sexista al interior de los establecimientos, que muchas veces son no conscientes o naturalizadas. Desde coartar apariencias bajo la idea de rectificar “que es ser señorita”, tratos humillatorios en formas de hablar, de vestir, de expresar el género que son diferentes o acoso sexual hacia niñes y adolescentes son denuncias que se han hablado mediáticamente durante estos últimos años. Esta forma de pensar y coartar les cuerpos de otres bajo relaciones de poder que se establecen entre profesorado y estudiante provocan violencia que no sólo responden a lógicas sexistas, sino que también, como decíamos anteriormente, otras formas de opresión con respecto a la etnia, la raza, la edad, la capacidad, etc.

Tras el esfuerzo –aun cuando reducido- por esbozar que implica una educación sexista y alguna de sus manifestaciones en los establecimientos educacionales avancemos a pensar y construir que sería –en la práctica- una educación no sexista. Para ello, antes que una definición acabada del término es parece importante reconocer que en contextos particulares –muchas veces aislados e invisibles- existen esfuerzos de parte de estudiantes y/o profesores de generar instancias de discusión en torno a cómo concebir una educación inclusiva en términos de género, así como también prácticas pedagógicas concretas que se desarrollan en realidades particulares. Lamentablemente estos avances se generan como una voluntad política personal y no como un deber ético de toda institución o de la docencia, en cuanto no es la escuela en sí misma quien busca eliminar el sexismo, ni menos son las instituciones gubernamentales, sino que son les propios actores de la comunidad educativa quienes lo realizan. En este aspecto, el modelo hegemónico patriarcal se seguirá reproduciendo en la educación mientras no haya una voluntad de cambio de todes, volviéndose relevante, por ejemplo, el incluir en la formación inicial y continua de les docentes sobre género, diversidades y feminismos como herramienta de reconocimiento de sus propias acciones y de las prácticas que circulan en los establecimientos y en la sociedad en general.

@Redofem

Volviendo sobre la definición, hay que tener en cuenta que se han generado diferentes debates académicos y políticos respecto a que sería un proyecto educativo con enfoque de género, no sexista o feminista. Cuando hablamos de enfoque de género se tiende a des-responsabilizar las propias prácticas de dominación sexistas que se producen, reproducen y transmiten en los espacios educativos en cuanto su incorporación está enfocado en visibilizar y desnaturalizar las desigualdades de género y sexuales en la sociedad y no en sí misma. Por su parte, una educación no sexista refiere al cuestionamiento y análisis de las propias prácticas educativas, a la defensa de la libertad de lxs cuerpxs, en cuanto se permita la expresión libre de su género, donde no existan diversas formas de educar bajo estereotipos que declaran diferentes capacidades entre los géneros, en donde no exista una división en las formas de enseñanza o en las prácticas de enseñanzas desigual respecto al género, incorporar la mirada, memoria e historia de mujeres y disidentes, entre otras. En este contexto, es imprescindible avanzar a posicionar la demanda hacia una educación feminista y disidente, pues además de los cuestionamientos y cambios en las prácticas es necesario transformar. No basta con reconocer y caracterizar las instituciones como sexistas y patriarcales, sino que se debe acceder a estas para transformarlas, generando cambios materiales, sociales, culturales y políticos.   En este sentido, posicionar una mirada de educación feminista invita a pensar en generar prácticas pedagógicas que deberían apuntar a la des-patriarcalización, des-heterosexualización y la des-colonización de la educación.

Para aportes o dudas, escríbeme a macarena@cuatica.com

  1. Cabello, C. (2018) “Educación no sexista y binaria de género. Agitaciones feministas y disidencias sexuales secundarias en la escuela”. En Mayo Feminista: la rebelión contra el patriarcado / Faride Zerán (editora) p.21-34. Santiago: LOM ediciones. 
  2.  Troncoso, L; Follegati, L.; Stutzin, V., (2019) “Más allá de una educación no sexista: aportes de pedagogías feministas interseccionales”. Pensamiento Educativo. Revista de Investigación Educacional Latinoamericana 56(1), 1-15
  3. Azúa, (2016) “Aprender a ser mujer, aprender a ser hombre. La escuela como reproductora de estereotipos” En Educación No Sexista. Hacia una real trasnformación. Red Chilena Contra la Violencia, Santiago.  37-48
  4.  Palestro, (2016) “Androcentrismo en los textos escolares”. En Educación No Sexista. Hacia una real trasformación. Red Chilena Contra la Violencia, Santiago. p.15-24
  5.  Lillo (2016) “Patriarcado, educación, literatura. El discurso femenino omitido en los Programas de Estudio de Lenguaje y Comunicación de enseñanza media”. En Educación No Sexista. Hacia una real trasformación. Red Chilena Contra la Violencia, Santiago. 25-36
  6.  Azúa, (2016) “Aprender a ser mujer, aprender a ser hombre. La escuela como reproductora de estereotipos” En Educación No Sexista. Hacia una real trasformación. Red Chilena Contra la Violencia, Santiago.  37-48
  7.  Cabello, C. (2018) “Educación no sexista y binaria de género. Agitaciones feministas y disidencias sexuales secundarias en la escuela”. En Mayo Feminista: la rebelión contra el patriarcado / Faride Zerán (editora) p.21-34. Santiago: LOM ediciones. 
  8.  Azúa, (2016) “Aprender a ser mujer, aprender a ser hombre. La escuela como reproductora de estereotipos” En Educación No Sexista. Hacia una real trasformación. Red Chilena Contra la Violencia, Santiago.  37-48
  9.  Cabello, C. (2018) “Educación no sexista y binaria de género. Agitaciones feministas y disidencias sexuales secundarias en la escuela”. En Mayo Feminista: la rebelión contra el patriarcado / Faride Zerán (editora) p.21-34. Santiago: LOM ediciones. 
  10.  Cabello, C. (2018) “Educación no sexista y binaria de género. Agitaciones feministas y disidencias sexuales secundarias en la escuela”. En Mayo Feminista: la rebelión contra el patriarcado / Faride Zerán (editora) p.21-34. Santiago: LOM ediciones. 
  11.  Azúa, (2016) “Aprender a ser mujer, aprender a ser hombre. La escuela como reproductora de estereotipos” En Educación No Sexista. Hacia una real trasformación. Red Chilena Contra la Violencia, Santiago.  37-48
  12.  Cabello, C. (2018) “Educación no sexista y binaria de género. Agitaciones feministas y disidencias sexuales secundarias en la escuela”. En Mayo Feminista: la rebelión contra el patriarcado / Faride Zerán (editora) p.21-34. Santiago: LOM ediciones. 
  13.  Troncoso, L; Follegati, L.; Stutzin, V., (2019) “Más allá de una educación no sexista: aportes de pedagogías feministas interseccionales”. Pensamiento Educativo. Revista de Investigación Educacional Latinoamericana 56(1), 1-15