Habitar la contradicción: Construirse en morado verde

“Para mí el fútbol además de ser pasión efervescente es también político, es memoria, es historia, es construcción y reivindicación y a partir de esta primicia construyo mi vida como hincha disputando, reflexionando y cuestionando todo aquello que implica este espacio social.”

Macarena Rojas Mora
Colaboradora de Revista Cuática.
Integrante de la Comisión de Género Graciela Molina de la Corporación Santiago Wanderers

Recuerdo que cuando era niña me cargaba marzo. Que el colegio, que el uniforme, que hay que levantarse temprano. Cuando llegué a la universidad empezó a gustarme un poco más porque sabía que debía cambiarme de ciudad y Valparaíso siempre me gustó. Después de pasar todo febrero sufriendo con el calor ir a estudiar significaba brisa marina y mucho carrete en subida ecuador. En la universidad conocí el feminismo, empecé a construirme y desconstruirme como feminista y Marzo ya no fue el mismo. Marzo combativo, marzo de colectividad, marzo de sororidad, marzo de lucha, marzo morado, marzo FEMINISTA. 

Durante todo febrero de este año esperé con ansias el mes, y es que durante la pandemia se llenó mi vida de colectividad, de organización, comencé a integrarme en espacios feministas y a articular otros que no existían, con la convicción de que el futuro será feminsita y que debemos llenar de acción y teoría todos los ámbitos en los cuales somos partes. Y así comencé a trabajar en esta revista con mujeres potentes con las cuales he aprendido mucho, porque la sabiduría en colectividad es una de las cosas más lindas que me ha entregado este movimiento.

Construirse en feminismo trasciende las prácticas cotidianas, los pensamientos y la forma de construirnos continuamente, de cuestionarnos y también cuestionar aquello que consideramos que forma parte de nuestra vida, que nos moviliza, que nos apasiona, como en mi caso, el fútbol. 

Desde que era chica me gustaba ver partidos con mi papá. Recuerdo que era un ritual familiar entre los dos. Comida y peluches, porque la galería debía estar llena y a falta de personas que apañaran, los juguetes eran muy buenes hinchas. Nunca pudimos pisar un estadio juntos porque mi pasión futbolera aún no estaba tan construida como ahora. Quizás porque él era de la católica y yo entre mi orientación no heterosexual me negaba a ser de un equipo que tuviera esa categoría religiosa (o quizás porque simplemente consideraba que era un mal equipo, que se yo, a veces las decisiones no tienen sólo una justificación racional). 

Ese gusto por el fútbol se extendió en mi vida de diversas formas, desde juntarse con les amigues a ver a la selección chilena y salir a celebrar los triunfos (y derrotas) hasta ver partidos por tv de equipos que intentaba “seguir”, medio como hincha y medio encontrando algún lugar futbolístico que me hiciera sentir cómoda, del cual me sintiera parte. Y en esa búsqueda me encontré en una ciudad donde el fútbol se vive como parte de la vida cotidiana y es que es tan real esa frase, quizás cliché, de que no se puede pensar Valparaíso sin pensar en Santiago Wanderers, ni pensar en Santiago Wanderers sin pensar en Valparaíso. Me llené de admiración por la pasión que veía en cada lugar del puerto, murales alusivos al equipo, porteños luciendo orgulloso sus camisetas, gritos de barra por las calles, etc.  Y así, después de mi primera vez en el estadio, sentí que terminé con mi búsqueda y empecé a construirme como wanderina. 

Pero no es fácil construirse como hincha y feminista a la vez, no sólo por las propias contradicciones patriarcales y de poder que hay en la cancha o en la galería, sino que también por el cuestionamiento de una moral feminista o un “feministometro” que te recrimina por ser parte de un espacio historicamente hostil para mujeres y disidencias con el supuesto de que integrando este lugar estarías reproduciendo sus lógicas. ¿Por qué te gusta el fútbol si eres feminista?, me preguntaron tantas veces, que ya ni recuerdo cuantas fueron. “El fútbol no debería ser un espacio netamente masculino y por ello hay que disputarlo”, respondía. Pero ahora creo que es mucho más allá que eso. Para mí el fútbol además de ser pasión efervescente es también político, es memoria, es historia, es construcción y reivindicación y a partir de esta primicia construyo mi vida como hincha disputando, reflexionando y cuestionando todo aquello que implica este espacio social.


Desde este lugar, como feminista e hincha de Santiago Wanderers, comienzo esta sección de la revista para compartir algunas de las ideas y reflexiones respecto a la relación entre fútbol y feminismo. Cuestionamientos que he ido generando de manera individual, pero también en colectividad, a partir de mi participación en la comisión de género Graciela Molina, de la corporación Santiago Wanderers. Instancia política de mujeres y disidencias que así como la revista, me ha permitido conocer aquello que por mucho tiempo estuvo invisibilizado en mi vida como hincha.