La Violencia machista se viste de Chanel

Silvia Saravia de Neuss fue asesinada por su marido el sábado 10 de octubre en Argentina. Resulta que Jorge Neuss era un empresario exitoso. De los exitosos en serio, con varios millones de dólares en la cuenta bancaria. Ella tenía 69 años, y estuvo casada toda su vida con el mismo hombre. Si bien en Argentina hubo un feminicidio cada 34 horas en los últimos 6 meses, este ha sido especial por el alto perfil de la víctima. 

No. Por el alto perfil del asesino. 

La víctima ha sido invisibilizada. No sabemos casi nada de ella. Es difícil encontrar fotos donde aparezca sola. Neuss se suicidó después de matar a Silvia. Pero las primeras noticias recogieron la versión de sus hijos, quienes hablaron de un pacto suicida. ¡No había carta explicando motivos!. Pero es que estaban deprimidos por el mal diagnóstico de salud de uno de los hijos. ¡La madre mostró señales de resistencia a la violencia ejercida por el asesino!. Pero es que ninguna de las asistentes del hogar escuchó nada…

Un par de días después, los hijos organizaron el entierro de sus progenitores en el cementerio de Recoleta. Despidieron los restos mortales de Silvia junto a los de su asesino, con un retrato de los dos abrazados. (¿Tengo que repetir lo de las huellas incuestionables de resistencia en su cuerpo?). 

Fuente: Diario La Nación, Argentina

Bueno, los hijos pueden tener Shock post traumático. ¿Pero cómo explicamos lo que sigue? De los 68 anuncios fúnebres sobre Neuss que se publicaron en el diario argentino La Nación el día 13 de octubre, 66 despedían a la pareja, nombrándolos a ambos, y les deseaban que descansaran en paz. Los únicos dos anuncios que excluyen de los buenos deseos al asesino, fueron firmados por la hermana y algunas amigas de Silvia. El 12 de octubre hubo 87 avisos fúnebres.  De ellos, sólo excluyeron al asesino 2: amigas de ella. TODOS los demás también despedían con pesar los restos del magnate de la energía argentino. Al asesino. ES EL SISTEMA. No todos los que pusieron esos anuncios son personas malas. Son hijos e hijas sanas del patriarcado. 

Fuente: La Nación, Argentina

Pero bueno, hay una trinchera feminista que está dando la batalla, como intentamos hacer en cuática. Resulta que en Buenos Aires se levantó una voz para protestar por el tratamiento que se le ha dado a la víctima en la prensa local. Es la de una amiga de Silvia, (como no, quién más) quien trabaja como directora del MALBA, y fue amiga de la víctima más de diez años. En sus propias palabras, tuvieron varias discusiones por posturas enfrentadas en temas de derechos reproductivos, lo que significa probablemente que mientras Gabriela Rangel defendía la necesidad de despenalizar el aborto, Silvia Saravia estaba en contra. 

Gabriela en su texto se pregunta cómo no se dio cuenta antes de que su amiga corría peligro. Cómo no vio las señales de advertencia. Gabriela le recrimina a la sociedad y a los medios de comunicación que hayan despojado a la víctima de su identidad propia, al presentarla como un apéndice de su marido. Yo me pregunto si en esas discusiones con su amiga artista y feminista, a quien seguramente consideraba estrambótica, alguna vez Silvia Saravia, al defender los valores con lo que creció y que le dieron sentido a su vida, y que la llevaron a mantener su matrimonio a pesar de todo, me pregunto si alguna vez se habrá imaginado que justamente su amiga feminista iba a ser una de las únicas en salir a defenderla cuando finalmente la violencia machista le arrebatara vida. Cuando ni siquiera los hijos que llevó en su vientre la defendieran.

Fuente: Revista Que

El problema de la violencia machista es que los violentos no se vuelven violentos de un día para otro. Ninguna mujer se casa con un varón que desde el primer día la maltrata y le pega o intenta matarla. La violencia intrafamiliar es como el cuento del sapo y la cacerola con agua caliente. Si metes al sapo con el agua hirviendo, el sapo salta y se escapa. Pero si lo metes con agua fría y lo vas calentando de a poco, el sapo no se da cuenta de que sube la temperatura y finalmente muere hervido. Pues en las relaciones abusivas pasa lo mismo. Se va naturalizando el maltrato. El derecho del varón sobre el cuerpo, el deseo, la existencia de la mujer. Y si no hay redes de apoyo, si la mujer no siente que puede irse, no se va. 

¿A dónde se iba a ir Silvia si ni siquiera sus hijos la defendieron cuando fue asesinada? Está bien, digamos que a ella igual le sirvió. Tuvo una vida cómoda. De multimillonaria. Al ver las fotos de su vida (donde SIEMPRE aparece con su marido), se pueden observar los vestidos de CHANEL y otras marcas de alta costura. No tenía que trabajar, podía dedicarse a escuchar la ópera o leer a Camus. Pero le arrebataron la vida, y ella nunca sintió que se la pudiera sin él al lado.

Entiendo que no se trata de un caso típico. No siempre está tan claro que el hombre efectivamente es culpable, no siempre la violencia termina en asesinato, y (por suerte) no siempre es tan evidente que todo el sistema está podrido. Pero sí es un caso que nos invita a reflexionar sobre qué podemos hacer para evitar que las Silvias que tenemos cerca sigan pasando sus vidas sufriendo solas, convencidas de que no tienen opción más que aguantar el maltrato, viendo cómo todos justifican a los agresores. 

Y no hace falta ir muy lejos. Hace un par de semanas, en el edificio donde vivo (uno de esos Guettos verticales, con 40 pisos con 10 departamentos por nivel), una residente sufrió acoso por parte de un conserje. El trabajador intentó darle un beso dos veces, y cuando ella le dijo que no, le insistió diciendo que ahí no había cámaras, que nadie vería. Ella se fue llorando a su casa, con asco e impotencia. Y sobretodo pensando en que no podía hacer nada porque nadie le iba a creer. 

Resulta que sí habían cámaras y la vecina denunció. Despidieron la conserje. Pero la comunidad, que se comunica por un grupo de whatsapp, organizó una funa contra la víctima, debido a que su denuncia fue la causa de que la familia del conserje se quedara sin sustento. Mi vecina tuvo que irse de la comunidad por dos semanas, por miedo a las represalias, ya que la hermana del hombre en cuestión también vive en el edificio. 

La vecina es problemática. Ella le hizo entender al conserje que quería que le diera un beso. Tiene un lado de la cabeza rapada y un tatuaje. Está Loca (¿Les suenan estos argumentos?). Varones y mujeres acusando sin piedad por el chat de la comunidad a la vecina que denunció. Yo me metí, y dije que ante la duda prefería creerle a la víctima, y que agradecía que no siguiera trabajando una persona acusada de acoso, considerando que hay niñas en la comunidad. Les dije también que si sus hijas veían cómo defendían al acusado y atacaban a la víctima, no les iban a contar a sus padres si algún día les pasaba. 

La verdad es que incluso mis amigas del edificio me comentaron que les parecieron muy radicales mis comentarios. Y en es momentos como estos en que nos damos cuenta de que si siempre hablamos entre nosotras, entre mujeres y varones que ya nos pusimos las gafas violetas, corremos el riesgo creer que las batallas están ganadas. Corremos el riesgo de creer que las madres siempre les creerán a sus hijas, o que los hijos siempre repudiarán a sus padres si resulta que son feminicidas. 

Por ello, tenemos que salir a conversar con personas que piensan distinto. Necesitamos animarnos a hablar en voz alta en espacios nuevos. Tenemos que hacernos saber que no estamos locas, que nos creemos. Que podemos vivir sin esos hombres encantadores y abusivos. Y para eso, para cambiar el mundo, tenemos que seguir colaborando juntas. Gracias CUATICA por crear el espacio de resistencia y avanzada.