Llega el verano y me gustaría que leyeras esto.

@yucaposst

Por Magdalena Piñeyro

Estás bien así. 

Tal cual eres, estás bien. 

Diría perfecta, pero nadie es perfecta. O quizás sí, pero a cada una a su manera.

Por eso tengo que decirte algo: no te sobra ningún kilo, ninguna cana, ninguna arruga, ninguna cicatriz, ninguna estría, nada. Cada rincón de tu cuerpo guarda una historia tuya, propia. Cada centímetro de piel te pertenece y es hermoso porque es tuyo, porque estás viva. 

Tú eres tú. Completa. Un ser, un cuerpo, maravilloso. ¿Qué sino maravilloso puede ser este cuerpo que late, se mueve, ríe, llora y gime de placer?

Una vez dicho esto, me gustaría decirte que es normal que te odies (sí, es normal en este mundo que nos odiemos), y que todo el odio que sientes por ti misma y la culpabilidad que te atraviesa cuando te enfrentas al espejo o al bikini, no son tu responsabilidad. El responsable está afuera, un sistema que se beneficia cultural, social y económicamente de tu odio, por ello trabaja día a día con esfuerzo para que todo siga igual, y tu odio siga intacto.

Las dietas, las cremas, los productos adelgazantes, los gimnasios, y ese largo etcétera al que llamamos “la industria de la dieta” se agencia millones de dólares anualmente gracias al odio que sentimos por nosotras mismas. 

@rocio.usaperlas

El odio por nosotras mismas, además, nos mantiene distraídas de ocupar nuestro tiempo en otras cuestiones: disfrutar de las amigas, del cine, de la familia, de la playa, de la comida o de luchar por un mundo mejor para todes.

El odio, alimenta que castiguemos nuestros cuerpos, que tomemos malas decisiones sobre ellos con el único fin de adelgazar. Un odio que -por el contrario a lo que la sociedad profesa- poco tiene que ver con la buena salud, y mucho con la mala salud: ¿sabías que el 80% de los trastornos de conducta alimenticia comienzan con una dieta? ¿Sabías que más del 90% de las personas que adelgazan con dietas recuperan el peso perdido en un máximo de cinco años? ¿sabías que las subidas y bajadas de peso suponen estrés para el cuerpo, y pueden acarrear problemas hormonales, de hipertensión, diabetes, entre otras cuestiones?

El odio que sentimos proviene de un sistema gordófobo y machista, ideologías imperantes en la sociedad occidental. La gordofobia, el odio clasista por las personas gordas y por la gordura. El machismo, ideología colonialista de opresión y control sobre los cuerpos femeninos o feminizados. Juntos, depositan en nosotras la vergüenza de ser quienes somos.

Nunca seremos la modelo eternamente joven, rubia, blanquísima, de ojos azules, delgadísima, alta, frágil que nos vende el modelo hegemónico colonial, gordófobo y machista. 

¿Y qué? ¡Somos hermosas y poderosas!