Propuesta de Decálogo Feminista de Salud Mental

Ahora más que nunca, es importante mantenernos juntas, alertas y acompañándonos, porque aún en cuarentena nuestros vínculos como amigas y compañeras se deben fortalecer y ninguna debe estar sola.

Ingrid Aros Egaña, Psicóloga clínica, Activista Lesbofeminista, @kowalskilove

Este decálogo busca ser un aporte para la salud mental de mujeres y disidencias en época de COVID-19. 

Actualmente nos encontramos en un contexto mundial y nacional que sin duda nos afecta y puede tener efectos negativos en nuestra salud mental. Es muy importante saber que nuestro malestar no es aislado ni fortuito, se relaciona a una situación desestabilizadora en la que nos encontramos: en medio de una crisis de injusticia social de décadas que devino en una insurrección generalizada, y que, posterior a esto, surge una pandemia que ha generado la necesidad de confinamiento, y el pánico colectivo que deviene ante esta amenaza. A su vez, el duelo por las pérdidas que ha significado este proceso, que no sólo implican muertes, sino también, empleos, incertidumbre y la declaración de un estado de catástrofe nacional, que ha implicado la supresión de derechos civiles, y en 6 comunas de la región metropolitana la declaración de una cuarentena que restringe de forma continua la libertad de tránsito. De forma colateral, se encuentra el posible trauma político al observar o ser víctimas, muchas veces de la necropolítica del Estado en su rol de garante de nuestras vidas.

vía @la.amarillista

Todos estos ingredientes, se convierten en un caldo de cultivo para todas las violencias, especialmente la violencia de género. Ahora más que nunca, es importante mantenernos juntas, alertas y acompañándonos, porque aún en cuarentena nuestros vínculos como amigas y compañeras se deben fortalecer y ninguna debe estar sola.

“No hay lugar como el hogar”:

Esto es dicho por Dorothy del Mago de Oz, y por siglos nos han dicho que es así, pero en cuanto a nuestra experiencia como mujeres y disidencias podemos contar otra historia. No todo hogar es un refugio. Millones de vidas se han perdido o arruinado por violencia intrafamiliar, que va desde la violencia en la pareja, el maltrato infantil y la discriminación por ser una persona LGBTIQ+.

Estamos en una situación preocupante en extremo, no sólo por la incertidumbre que genera esta epidemia, sino que también tenemos antecedentes recopilados por organismos internacionales como PNUD (2011) que refiere de forma categórica, que existe un aumento en la violencia de género en situaciones de catástrofe, incrementando violaciones, trata de personas y violencia doméstica.

Está documentado que, junto con niños y niñas, las mujeres son 14 veces más propensas que los hombres a morir durante un escenario de desastre. La fiscalía nacional, mediante el diario La Nación, informa que existe un aumento de 250% de femicidios durante el mes de marzo en comparación al año anterior.  Al mismo tiempo, las llamadas al Fono 1455 para Orientación y Ayuda para mujeres víctimas de violencia y testigos aumentaron al 70% durante el primer fin de semana de la cuarentena total en 7 comunas de la Región Metropolitana. Es decir, no somos exageradas ni histéricas, es efectivo que nuestras vidas como mujeres y disidencias se pueden encontrar en riesgo en el hogar. Y nadie más que nosotras, comadres y compañeras, vamos a buscarnos para saber si estamos bien.

No todas las cuerpas corren el mismo riesgo:

Para mujeres, disidencias sexuales, inmigrantes y personas racializadas el espacio público siempre ha sido un riesgo. Las opresiones de este sistema hetercispatriarcal, xenofobo y clasista se van cruzando en nuestras vidas, significando un mayor riesgo acorde a las intersecciones que habitamos, pero mantenemos en común el hecho de que siempre hemos sido una presencia incómoda en el espacio público, un tránsito a corregir, agredir o desaparecer. Tenemos que considerar que estamos en un estado militarizado y debemos extremar medidas de cuidado. Debemos considerar las mismas precauciones que teníamos si es que ibamos ir a protestar a la calle. Y no, no eres paranoica/e, la calle es un riesgo efectivo más real que nunca, porque ya no contamos con el piño físico de compañeras/es para protegernos y circular tranquila/e.  No hemos alucinado por años que carabineros, militares y civiles han violado, torturado y desaparecido a las nuestras/es. Que sus compañeras/es sepan dónde van y donde están, que siempre estén acompañadas/es de forma virtual, nunca solas. Cualquiera sea el rumbo de nuestro trayecto integremos el comunicarnos con nuestras redes cercanas, el estar continuamente en conexión.

Ninguna mujer o disidencia sexo-genérica es una isla:

Es importante recordar que el sistema económico neoliberal promueve y encarna el individualismo, la competencia, el “voh vela”. Este factor estructural, entre otros, es responsable de corroer nuestro tejido social, y muchas veces nos hará pensar que no necesitamos ayuda, que buscar conexión y apoyo, es una señal de debilidad y fracaso, cuando precisamente es lo contrario. El necesitarnos es el punto base para tejer solidaridad y cuidado mutuo. SI necesitamos apoyo, SI necesitamos ayuda, que nos escuchen y nos digan que hacemos lo mejor posible y que somos valiosas/es. No temas en buscar oreja y apapachos con personas de su casa, si es que existen personas de confianza, o en sus redes próximas, ya sea forma virtual o pensar partir un proceso terapéutico. Recuerda que no estás sola, hay muchas que estamos para apoyarnos. Que las mujeres y disidencias nos cuidemos es algo revolucionario y necesario para desarticular las formas de interacción heredadas del patriarcado. 

via @giphy

En caso de que estés de vuelta con tu grupo familiar, por necesidad más que por gusto. Es importante que nadie puede borrar quien eres, y que esto es sólo parte de un proceso. Mira para adelante que tu futura cooperativa disidente parte con que la sueñes, y encuentres cuerpas con quienes soñar e insurrectar.  

“A mí nunca nadie me ayuda”:

Esta podrá ser una frase familiar que probablemente escuchamos más de una vez, una voz indignada, sufriente, solitaria, dolida y muchas veces desestimada, que fue proclamada por alguna mujer de nuestro grupo familiar, quien, por la división sexual del trabajo que realiza el orden patriarcal, le correspondió cumplir con  roles de cuidado y de sostener la vida en nuestro círculo familiar. Es innegable que en la cultura latinoamericana –fiel al mandato patriarcal– se espera que el rol de género femenino sea cumplido a la imagen y semejanza de una Virgen María sudaca abnegada, silente, paciente, trabajadora, cariñosa, buena cocinera, buena enfermera, buena lectora de cuentos y por supuesto dispuesta para actos amatorios, siempre de forma agradecida, receptiva y heterosexual. Es cierto: nadie se ofrecía a compartir las cargas de cuidado impuesta a la señora de nuestra infancia, y ahora quizás heredamos el rol de sostener la vida en nuestras casas. Sabemos que cada hogar tiene su propia dinámica, y usted es la experta en eso. Usted, mejor que nadie, puede reconocer acciones de resistencia y justicia doméstica en su hogar. Es por ello, que en época de catástrofe u cuarentena también puede significar un momento de redistribución de las tareas domésticas y del cuidado. En caso de tener descendencia y cohabitar, de acercarnos a la co-responsabilidad en la crianza. Cada generación turna sus resistencias y luchas, reconozcamos cómo podemos resistir desde donde estamos situadas.

Tu cuerpa es tu territorio:

Durante el transcurso del día podemos ir experimentando diversas sensaciones, placeres, dolores, algunas conocidas y otras por conocer. Esto es parte de nuestra vivencia en este desconocido escenario, donde nuestra rutina se ve inevitablemente modificada, incluso si seguimos trabajando .

El hecho de que estemos en una situación estresante nos genera una diversidad de sensaciones. Por un lado, ganas de devorar al mundo sin tener hambre, desear saber todo lo que ocurre y al minuto sentirnos saturada/e, ganas de tener sexo contigo misma y/o con otra(s) persona(s) o desear salir de la casa, y por otro lado, temer la posibilidad de estar afuera, sentir malestares físicos, querer estar sola y después buscar compañía. Todo esto puede experimentarse en horas o en un día, haciendo que ciertos días sean mejores que otros. Nuestro contexto está vertiginoso y provoca incertidumbre, es de esperar que nuestra cuerpa vaya expresándose en búsqueda de adaptarse a lo que está sucediendo, por lo que es muy importante escucharnos: cada dolor, presión, placer, hormigueo nos está hablando. Trata de construir espacios de reencontrarte en tu territorio, brindarte goce y distensión, mediante los placeres que conoces y los que podrías aprovechar de (re)experimentar, como la autogestión del goce, una ducha caliente, un baño de sol, una serie, ejercicios físicos, sudoku, darte una vuelta más larga después de ir a comprar, entre miles de otras opciones según tus gustos. Hoy, estando en situación de confinamiento es importante reapropiarnos de nosotras mismas como territorio, que históricamente ha sido construido como dispuesto al goce y bienestar de otros. No somos parte del inventario doméstico, nos necesitamos como nuestras, aunque sean minutos los que nos pertenezcamos.

“No sé cómo relajarme”:

Parto con decir “calma, que no hay receta para eliminar el estrés y la frustración”, si la hubiera ya sería una cadena en whatsapp o ya tendría precio. Quien diga que sí existe, quizás está tratando de vender algo o habla desde un lugar donde universaliza su experiencia única. Hacer de la calma un producto, arriesgaría a convertirse en otra meta a cumplir del exitismo que mueve nuestra economía y trae tanta desdicha y ansiedad. Recomiendo experimentar las emociones que nos surgen, reconocerlas, escuchar lo que nos indican, y ante ellas, buscar respuesta en ti misma/e, en tu historia vital y en sensaciones que han habitado tu cuerpa, independiente de las vidas durísimas o no que hayamos podido tener, siempre ha existido algo que nos ayudó o incluso que nos salvó. Algo amable, reconfortante y contenedor que nos trae paz, la posibilidad de poder encontrar un espacio para evocar eso, nos puede recordar esas cosas que hacíamos que nos hacían bien, cosas que quizás dejamos de hacer. Lo más importante es que usted esté bien, porque su vida es lo más importante, aún si su deseo es estar al servicio de otras personas. Nadie puede cuidar, si se descuida a sí. Ninguna vida vale más que otra, ni son intercambiables.

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Otras posibilidades para lidiar con el estrés y la ansiedad que puede experimentar son:  Si están en cuarentena, es importante:

– Construir una rutina diaria y semanal, que parezca más conveniente a sus necesidades.

– No abandonar hábitos de higiene personal. El agua limpia la cuerpa y aclara la mente.

– Alimentarse de forma equilibrada, si come por ansiedad disfrute y recuerde mantener el sistema inmunológico fuerte, verduras frescas y todo con ajo y cebolla.

– Trate de reducir el consumo de alimentos y bebidas estimulantes, éstas sólo aumentan el estado de alerta en el que nos encontramos, contribuyen a agitarnos y el distrés sostenido, enferma. 

– Mantener hábitos de sueño, ya que el sueño es una de las primeras cosas que se pueden ver afectadas en situaciones de estrés. 

– Procure supervisar lo que ingiere, la información que se maneje en los medios de comunicación masiva es una ingesta que puede traer preocupación y alerta. 

– Busque tiempos alejada/e de pantallas y más concentrada/e en mirar por alguna ventana lo que nos rodea y ocurre en nuestra comunidad, podría ser un momento incluido dentro de la rutina del día. Aunque también, le puede venir bien no tener rutina algunos días. 

– Puede tener tiempos destinados para informarse y compartir con personas que deseen obtener esta información, porque también podríamos estar saturando sin saber. El consentimiento del acceso a la información no deja de ser relevante en estos tiempos. 

– Recuerde que las lentejas  se pueden hacer germinar, quizás exista espacio para un huerto, comprar maceteros, quizás partir almácigos en envases de yogurt, las plantas son sabias y buena compañía. 

– Intente experimentar cosas nuevas dentro de sus posibilidades, y vaya compartiendo con otras/es qué le ha funcionado y lo que no. El compartir construye comunidad, su vecina/e puede ser una buena sorpresa, se puede intercambiar el dato de qué almacén está abierto, turnarse para ir a comprar, quizás intercambiar esquejes de plantas, entre otras posibilidades de colaboración. También puede ser que su vecino/a sea machista, racista, lleno de lesbo y transodio, escuche su panza, que avisará claramente con quién no. 

Vía @buuubuu_

No sé si estoy siendo violentada en mi relación:

En nuestras historias vitales suelen haber experiencias de violencia. La violencia contextualmente se ha vuelto parte de la construcción del orden de la familia, bajo el mandato hetero-patriarcal. El ejercicio de la violencia casi nunca es explícito y tangiblemente claro, hay manifestaciones solapadas que se esconden bajo “lo intenso” o  “lo pasional”. Para la profesión clínica, un indicador clave para dilucidar situaciones ambiguas de violencia, es preguntarse a sí misma/e si puedes conversar de forma cómoda: sintiéndote con legitimidad y libertad para expresar lo que quieras tal y como lo necesitas, cuando lo necesitas y sobre la materia que quieras acerca de cómo te sientes dentro de la relación. Si sientes miedo a expresar cómo te sientes, por temor a la reacción o a las represalias que pueda tener la otra persona contra ti –o contra ella misma– entonces te darás cuenta, ambos son ejercicios de violencia, esta última, pese a ser puesta en acto en el territorio del otro, te hiere a ti, puesto que te está, con violencia, consignando a tu persona el dolor auto-inflingido y en eso eres la víctima, con rótulo de victimario, esto es una coerción, una agresión vincular.

En caso de que hayas podido expresar que te has sentido violentada/e, es importante que tengas en consideración que en diálogo respetuoso y cariñoso, la experiencia de victimización de otra persona debe ser escuchada. El ser desestimada/e, ignorada/e o minimizada/e son ejercicios de control, deliberados o inconscientes, para mantener “el orden de las cosas”, para mantener esa dinámica que te genera malestar. Posteriormente, en el caso de que haya escucha y aceptación de lo que se ha expresado, podrás ver en acciones concretas el cambio u omisión que señalan la validación o no de tus sentimientos para la otra persona. Podrás vivir en el cómo se desarrolla la relación, si la situación mejora o se mantiene en malas condiciones para ti. 

Sin embargo, lamento comunicar, que en mi experiencia clínica, lo común es que la violencia se agrave, porque carcome, debilita, y somos una cultura heterocis-patriarcal que se ve amenazada al conversar abiertamente de la violencia. Nosotras somos resistencia, y podemos elegir los vínculos que habitamos y cómo hacerlo. Somos un territorio conectado con muchas más, busca esa conexión si no la tienes, hay que ayudar a las amigas/es para que te puedan ayudar.

Estoy siendo violentada en mi hogar:

Eres muy valiente al leer esto, el reconocerse como víctima es un acto de valentía, es el primer paso de poder sobrevivir a una relación violenta. Existen redes institucionales como el Fono 1455 que no debes dudar en llamar, para que te puedan orientar. Si vives con tu agresor, encuentra un momento donde puedas tener más calma al hablar, busca una instancia para ello, tienes el ingenio para lograrlo. Alguien debe saber lo que estás pasando, no lo vivas sola/e, si tu celular no suena con notificaciones de amigos y amigas y no conoces gente en tu edificio o tu pasaje, es momento de mover redes, puedes partir como quieras, pero esas personas están ahí, a pasos. Estas redes serán muy importantes para tu sobrevivencia. Necesitamos a nuestra comunidad alrededor de forma física o virtual, protegiéndonos, dándonos fuerza, diciéndonos que valemos, que todo lo contrario es mentira para manipularnos y mantenernos ahí.

Fuente: Ministerio de la Mujer y Equidad de género

Si temes un nuevo episodio de agresión, avisales a tus redes y que ellas/es puedan llamar a Carabineros, PDI o Seguridad Municipal. Si logras denunciar lo que te ocurre, hazlo saber a tu entorno, pueden ser apoyos imprescindibles para proteger tu vida. También puedes revisar más abajo el link que tiene la infografía que subió la Red Chile contra la Violencia y el contacto de la ONG Mujer y Madre, guarda todos los contactos de apoyo  con algún nombre clave, en caso que revisen tu equipo. Crea un circuito de protección alrededor tuyo, piensa en partir un proceso terapéutico, y recuerda que no estás sola, sino que, hay millones de personas en el mundo que han estado en esa situación. Personas que quieren que estés bien, que han logrado salir y sobrevivir, nunca es sencillo, pero nunca es imposible. Tú puedes, donde estemos te estamos esperando.

En caso de ser una mujer migrante que sufre violencia, es importante considerar que puedes acceder a cualquier red de apoyo, y a espacios como Secretaria de Mujeres Inmigrantes. Al llegar a un lugar nuevo, la fuerza de los días y proceso de adaptación, pueden debilitar la frecuencia de contacto con tu gente, y quizás sea desafiante conocer personas nuevas, pero ten confianza que hay muchas/es que facilitarán tu llegada si les conoces. Es importante tener raíces y amor en el lugar donde te encuentres, y construir vínculos de confianza, protección y compañía. Procura mantener tus documentos de identificación bajo tu cuidado y alcance, y mientras que dure la militarización del espacio público, mantén atención al circular por el espacio público, ya que el racismo estructural también se encuentra desatado, y hay que minimizar las posibilidades de que te hagan daño, siempre atenta, siempre acompañada virtual o presencialmente.

Tú eres sabia/e:  

Tú sabes lo que siente, ha vivido y quiere para sí misma. No existe palabra o gesto que pueda superarte en esto. Eres experta/e de tu cuerpa, historia y en tus ancestras/es. No existe saber más poderoso que el saber conectado al de otras/es. Un proceso terapéutico puede ser algo que busques, que acompañará a que mires, a sentirte y a que te conectes con el deseo de tu autonomía, lo que nunca significa aislamiento. Busca todo lo que se conecta, personas, plantas, animales. Todo lo vivo nos conecta. Los saberes colectivos salvan y acompañan. Somos seres que buscan compañía, que vivimos ternura, que cuidan y son cuidadas/es, nos apegamos. La soledad no es necesaria, ni asegura supervivencia. Nuestra unión e interconexión es la mejor esperanza de hacer caer este sistema que nos daña de tantas formas.

Es finalmente el amor el que nos salva y fortalece, el amor que reconoce y aprende, que no daña , sino que, hace crecer y conecta.

Esta es una propuesta abierta y dialogante, así que si tienen ideas, dudas, redes que facilitar no duden en escribir a contacto@cuatica.com